Trans-Siberiano: Días 9-13. La sombra de Lenin es alargada. Sevillanos, lago Baikal, Buratya y rumbo al Este

Novosibirsk fue útil como parada técnica y reponer fuerzas y de paso ver a Lenin con abrigo largo (se nota que estamos ya en Siberia) y conocer a Olga y Yulya, dos locales que me alejaron del cementismo y la calle central con 8 carriles a conocer el extraradio boscoso y universitario de Novosibirsk. La noche siguiente coincido con dos sevillanos y una francesa afincada en Málaga en mi mismo vagón y en el mismo vaso de vodka (donde fueres haz lo que bebieres).

Llegamos a Irkutsk, el campo base para ver el lago Baikal en Liltvyanska, donde me dirigí al día siguiente. Liltvyanska es Matalascañas con mas “chinitos”, y Matalascañas es Liltvyanska sin pescadoa ahumado, que diría Carlos Cano. Dicho sea esto, el lago Baikal es impresionante y una parada obligada en la ruta. Hice unos kilómetros de senderismo del Great Balkal Trail que fue un buen paseo y una oportunidad para ver la reserva de agua dulce más grande del mundo desde lo alto. Lo máh grande, que dirían en mi tierra.

El día siguiente la lluvia anegó mis planes baikalisticos así que me dejé acompañar por mi inesperada compañera de taxi Alexandra (un local que iba en nuestra dirección nos invitó a ella, que pasaba por ahí y a mí, y él se despidió con un “No Pasarán” en perfecto español con el puño en alto). Alexandra me llevó por su ciudad natal de Irkutsk (“un poco como París”, hiperbolizó ella) antes de dejarme comiendo en un restaurante de estilo soviético donde el camarero me emvodkó (como diría el genial Daniel Utrilla) y me dejó listo para mi noche de viernes en el banya, la sauna rusa. Ahí me azoté y me dejé azotar (costumbre local, donde fueres…) con mi rama de roble entre sauna y baño frío, y entre cerveza y cerveza (donde fueres.…).

Estación de Novosibirsk

Tras un increíble trayecto en tren a lo largo del lago Baikal llegué a Ulan-Ude, en la República Buryat. Los Buryat, un grupo étnico ruso de origen mongol, contribuyeron con un gran número de vidas a la victoria en la II Guerra Mundial (que aquí llaman “la Gran Guerra Patriótica”). Un inmenso busto de Lenin (que a mí me parece “asiatizado”) sombrea la soleada plaza. Desde Ulan-Ude la visita templo budista (ducan), a las afueras de la ciudad, más o menos me ayudó a olvidar que no pude encontrar billetes para ir al lago desde esta orilla. Y de ahí tren cama a Chita de mi camino a Blagoshevensk. Vladivostok ya se vé. Es un decir, quedan unos 2000 kms todavía…

Bustazo en Ulan-Ude

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