Trans-Siberiano: Días 6-8. Comienza Asia. Ekaterimburgo y Novosibirsk.

Perm me dejó el gusto agridulce de la visita al Gulag y una cena de pescado junto al rio Karma. Tras una fugaz visita al Parque Gorki, que dio pie a montarme en la noria para unas vistas de vértigo, tomé mi tren de 5 horas a Ekaterimburgo. Esta vez iba en tercera clase (voy alternando tercera y segunda) y mis compañeros fueron una pareja en su cincuentena larga, afables y de conversación fácil, y una joven con su perro , de los cuales el afable era el can.

Me escapé de la tormenta de verano cobijado en la estación

 

Llegué a mi apartamento, más céntrico que todo lo anterior, con ganas de ducha caliente y de lavar ropa, que ya tocaba (lo último más que lo primero). Intenté convencerme de dar una vuelta pero no caí en mi propia engañifa y pasé la noche horrorizándome, un poco más, viendo un documental de la BBC (hecho a los 50 años de la muerte de Stalin) con las purgas y deportaciones del “Padrecito de los Pueblos” que es aún recordado con cierta simpatía por traer a Rusia en 30 años lo que al resto de Europa le tomó 150 y por la masiva campaña de educación que creó escuela en los países socialistas

La tumba de Stalin junto al Kremlin en Moscú

Ekaterimburgo bien vale una misa, me dije al día siguiente. Y, como llevado por el diablo, me presenté allí dónde se fusiló a la familia del zar (perro de compañía inclusive). El antiguo hogar del ingeniero Nikolay Ipatyev, que fue usado como cárcel y parada final del tren zarista para Nicolás II y su familia, fue demolido y sobre su terreno se yergue hoy la Iglesia Sobre la Sangre (los rusos son poco dados a la sutileza).

Si bien los restos de la familia real fueron esparcidos lejos del lugar de ejecución (intentando evitar la creación de un lugar de peregrinación) aquí es donde se rinde el culto a la personalidad del Zar en un bello templo adornado con cuadros de Nicolás II en su faceta más campechana.

Poco más tarde, tras andar (o peregrinar, por la distancia) la avenida Lenin, se encuentra uno con su homónima estatua con pose como del entrenador quejándose de un penalti mal señalado al árbitro, o del que no se puede creer que le hayan metido un Kentucky Fried Chicken en su cara, como es el caso.

La primera ciudad asiática de Rusia, si viene usted del Oeste, claro está, me cargó de vitamina D (y de comida georgiana) a la par que me regaló vistas parejas desde la planta 52 (par) del hotel Vysotskiy.

Tras una inmerecida siesta (pero obligada por la comilona) conocí a Yulia, una profesora de francés nacida en Ekat’ (locales dixit) tan contenta de poder enseñarme la ciudad en francés como yo de no conversar via Google Translate. Dimos un paseo en la fresca noche de verano (Siberia se empieza a sentir) que acabamos viendo a rusos bailar salsa en las puertas del Centro Cultural Boris Yeltsin. La “loca noche” de Ekat no dio para una secuela de la resaca moscovita sino, mucho mejor, a la conversación más fluida desde que comenzó el viaje.

La discoteca CCCP (“URSS”) de Perm ponía música de los 80-90

A la mañana siguiente, rumbo a la estación con víveres como para alimentar a medio tren en mi viaje de 24 horas a Novosibirsk. À suivre

Working Class 2.0
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

Create a free website or blog at WordPress.com.

Up ↑

%d bloggers like this: