Homenajes (de Marras) en el Jazz

En la Historia del jazz hay una recurrente tendencia a hacer algo que siempre he entendido como una de las mayores virtudes del ser humano: Agradecer algo a alguien o recordar a una persona que admiras o has querido.

Una de las canciones que más me fascina del jazz latino es “Close your eyes”, compuesta por Bernice Pentkere. Esta canción, en la versión de Ray Barretto, es parte de mi banda sonora vital. Es una de esas canciones que inician muchas de mis tardes de práctica con la batería. Cuando quiero tocarla, los diez minutos de precalentamiento se me hacen eternos. La versión figura en un disco de homenaje a Art Blakey, con quien Barretto compartió escenarios y grabaciones en diversas ocasiones.

El contrabajo comienza con decisión la canción, pero la clave no tarda más en seguirle como diciendo “eh, aquí estoy yo también, vamos a hacer algo juntos”. El resto de la percusión no tarda en sumarse y entonces es cuando la melodía cierra el círculo y el tema se desarrolla con fluidez, elegancia, y un intenso sabor latino.

Otra de las canciones que muchos fans de jazz recordarán es “Song For My Father”, de Horace Silver.

Con una dedicatoria que no necesita de explicación, este tema nos recuerda a muchos amigos del club Soberao Jazz de Dos Hermanas (Sevilla, Andalucía) a largas noches de jam sessions con su dueño (y amigo), Jose Luis.

En el lado menos alegre, “I Remember Clifford” fue el homenaje de Benny Golson al famoso trompetista Clifford Brown, muerto a los 25 años en un accidente de tráfico. Es una balada lenta, y triste, como no podía ser de otra manera, y un homenaje a un amigo y músico que se ha convertido con méritos propios en una de las mejores baladas del jazz.

La última canción/homenaje que no para de sonar en mi reproductor de música es creación de mis amigos Jazz de Marras. En su primer y único disco hasta la fecha, figuran no una ni dos sino tres dedicatorias. “Rita’s tune” rezuma tranquilidad y sencillez, mientras que “Blues for Isi” evoca recuerdos compartidos, cierta nostalgia, y mucha, mucha complicidad entre el compositor, el oyente, y la homenajeada. Por último, “Diegales” es el tercer elemento de la “trilogía cariñosa” en la grabación de Jazz de Marras. No es un homenaje a un músico, ni una dedicación a un amor perdido, ni una elegía sobre un determinado personaje histórico. Es un abrazo en la distancia, una sonrisa hecha acordes, una cerveza entre amigos solfeada, un paisaje andaluz en clave de swing-flamenco. Es eso, y mucho más.

En esta canción sucede, como en las nombradas anteriormente, un mismo hecho: El que realiza la dedicatoria queda, por lo generoso de su acto, homenajeado por méritos propios.

Advertisements