35C3 Talk: The battle control of our bodies and speech

My colleague Andreea and I spoke on December 2018 at the Chaos Computer Club conference (35C3) to discuss the most important threats to online (and offline) freedoms and how to fight back.

https://media.ccc.de/v/35c3-9372-citzens_or_subjects_the_battle_to_control_our_bodies_speech_and_communications/oembed

Trans-Siberiano: Días 14-22. El lejano oriente. Última parada: Vladivostok

El último tramo del viaje. Los últimos encuentros, el enésimo té preparado del samovar (termo de agua caliente presente en cada vagon), el último sorbo de tallarines instantáneos, y los últimos tragos de vodka. Salí hacia Blagoveshenk con un descanso de unas doce horas en Chita. Tras reponer fuerzas y comer algo digno, llegué a Blagoshevensk tras un trayecto de, se dice pronto, 36 horas.

A 15 minutos en ferry (unos 500 metros) de China, Blagoshevensk es la frontera con el gigante asiático (valga el cliché) y da para un paseo por su rio/frontera pero sobre todo para charlar con los locales, que siempre me cubren el vacío (o la inmensidad soviética, según se mire) que tienen algunas de las ciudades en lo arquitectónico o lo culinario. Tras una noche (que me supo a dos) marché de nuevo en otro trayecto de dos noches a Birobizhan, el intento fallido de la Sión soviética, y de ahí parada breve a Khavarosk antes del último tren: rumbo a Vladivostok.

Blagoveshenk

Almuerzo en Ulan Ude

La llegada a Vladivostok vino acompañada de cierto sentimiento de gesta, pero también de algo que se acaba. Agridulce, como el kvas (bebida refrescada fermentada a base de pan negro). Han sido 8.000 kilómetros de vías férreas, 7 zonas horarias, 30 litros de té, 2 litros de sopas instantáneas, 3 salchichas curadas, 3 kilos de pelmeny, 1 kilo de buzza, 1 kilo y medio de diversas masas fritas rellenas de carne, pescado o col, 1 litro y medio de sopa borsch, 1 kilo de tomates, medio kilo de pepinos, 1,5 kilos de fruta, 12 preguntas de “¿y por qué haces esto?” de rusos con ojos del que habla con un tarado, 12 respuestas idénticas , 10 calificativos confirmando mis sospechas llamandome (con cariño) loco y 12 movimientos oscilantes negatorios de cabeza; y, cómo no, 2 petacas de vodka.

Estación de Ulan Ude

Estación de Chita

La estancia en Vladivostok me supo a poco. A toro pasado pienso que habría estado dos noches más ahí antes que hacer algunas de las otras paradas de este tramo. Una visita express a Corea del Sur o Japón, tan a mano, podrían haber sido la guinda, pero la verdad es que el pastel era ya delicioso sin la guinda y yo soy más de salado que de dulce en todo caso. Hablando de comida, tras cenar pescado y marisco local exquisito en Vladivostok, un vuelo doméstico de casi 9 horas me transporta ahora mismo a Moscú. El viaje sigue durante un poco más en Moscú (cena norcoreana y souvenirs soviéticos incluidos), pero ya no es el trans-siberiano. Ese tren ya hace varias horas que ha pasado.

España queda a la derecha

Aprenda cirílico mientras se gradúa la vista

Lo políticamente correcto no ha llegado a Birohidzhan

Mercado en Birobidzhan

Ensalada de harring y remolacha

Borsh

Homenaje a las víctimas soviéticas de la II Guerra Mundial (Vladivostok)

Trans-Siberiano: Días 9-13. La sombra de Lenin es alargada. Sevillanos, lago Baikal, Buratya y rumbo al Este

Novosibirsk fue útil como parada técnica y reponer fuerzas y de paso ver a Lenin con abrigo largo (se nota que estamos ya en Siberia) y conocer a Olga y Yulya, dos locales que me alejaron del cementismo y la calle central con 8 carriles a conocer el extraradio boscoso y universitario de Novosibirsk. La noche siguiente coincido con dos sevillanos y una francesa afincada en Málaga en mi mismo vagón y en el mismo vaso de vodka (donde fueres haz lo que bebieres).

Llegamos a Irkutsk, el campo base para ver el lago Baikal en Liltvyanska, donde me dirigí al día siguiente. Liltvyanska es Matalascañas con mas “chinitos”, y Matalascañas es Liltvyanska sin pescadoa ahumado, que diría Carlos Cano. Dicho sea esto, el lago Baikal es impresionante y una parada obligada en la ruta. Hice unos kilómetros de senderismo del Great Balkal Trail que fue un buen paseo y una oportunidad para ver la reserva de agua dulce más grande del mundo desde lo alto. Lo máh grande, que dirían en mi tierra.

El día siguiente la lluvia anegó mis planes baikalisticos así que me dejé acompañar por mi inesperada compañera de taxi Alexandra (un local que iba en nuestra dirección nos invitó a ella, que pasaba por ahí y a mí, y él se despidió con un “No Pasarán” en perfecto español con el puño en alto). Alexandra me llevó por su ciudad natal de Irkutsk (“un poco como París”, hiperbolizó ella) antes de dejarme comiendo en un restaurante de estilo soviético donde el camarero me emvodkó (como diría el genial Daniel Utrilla) y me dejó listo para mi noche de viernes en el banya, la sauna rusa. Ahí me azoté y me dejé azotar (costumbre local, donde fueres…) con mi rama de roble entre sauna y baño frío, y entre cerveza y cerveza (donde fueres.…).

Estación de Novosibirsk

Tras un increíble trayecto en tren a lo largo del lago Baikal llegué a Ulan-Ude, en la República Buryat. Los Buryat, un grupo étnico ruso de origen mongol, contribuyeron con un gran número de vidas a la victoria en la II Guerra Mundial (que aquí llaman “la Gran Guerra Patriótica”). Un inmenso busto de Lenin (que a mí me parece “asiatizado”) sombrea la soleada plaza. Desde Ulan-Ude la visita templo budista (ducan), a las afueras de la ciudad, más o menos me ayudó a olvidar que no pude encontrar billetes para ir al lago desde esta orilla. Y de ahí tren cama a Chita de mi camino a Blagoshevensk. Vladivostok ya se vé. Es un decir, quedan unos 2000 kms todavía…

Bustazo en Ulan-Ude

Trans-Siberiano: Días 6-8. Comienza Asia. Ekaterimburgo y Novosibirsk.

Perm me dejó el gusto agridulce de la visita al Gulag y una cena de pescado junto al rio Karma. Tras una fugaz visita al Parque Gorki, que dio pie a montarme en la noria para unas vistas de vértigo, tomé mi tren de 5 horas a Ekaterimburgo. Esta vez iba en tercera clase (voy alternando tercera y segunda) y mis compañeros fueron una pareja en su cincuentena larga, afables y de conversación fácil, y una joven con su perro , de los cuales el afable era el can.

Me escapé de la tormenta de verano cobijado en la estación

 

Llegué a mi apartamento, más céntrico que todo lo anterior, con ganas de ducha caliente y de lavar ropa, que ya tocaba (lo último más que lo primero). Intenté convencerme de dar una vuelta pero no caí en mi propia engañifa y pasé la noche horrorizándome, un poco más, viendo un documental de la BBC (hecho a los 50 años de la muerte de Stalin) con las purgas y deportaciones del “Padrecito de los Pueblos” que es aún recordado con cierta simpatía por traer a Rusia en 30 años lo que al resto de Europa le tomó 150 y por la masiva campaña de educación que creó escuela en los países socialistas

La tumba de Stalin junto al Kremlin en Moscú

Ekaterimburgo bien vale una misa, me dije al día siguiente. Y, como llevado por el diablo, me presenté allí dónde se fusiló a la familia del zar (perro de compañía inclusive). El antiguo hogar del ingeniero Nikolay Ipatyev, que fue usado como cárcel y parada final del tren zarista para Nicolás II y su familia, fue demolido y sobre su terreno se yergue hoy la Iglesia Sobre la Sangre (los rusos son poco dados a la sutileza).

Si bien los restos de la familia real fueron esparcidos lejos del lugar de ejecución (intentando evitar la creación de un lugar de peregrinación) aquí es donde se rinde el culto a la personalidad del Zar en un bello templo adornado con cuadros de Nicolás II en su faceta más campechana.

Poco más tarde, tras andar (o peregrinar, por la distancia) la avenida Lenin, se encuentra uno con su homónima estatua con pose como del entrenador quejándose de un penalti mal señalado al árbitro, o del que no se puede creer que le hayan metido un Kentucky Fried Chicken en su cara, como es el caso.

La primera ciudad asiática de Rusia, si viene usted del Oeste, claro está, me cargó de vitamina D (y de comida georgiana) a la par que me regaló vistas parejas desde la planta 52 (par) del hotel Vysotskiy.

Tras una inmerecida siesta (pero obligada por la comilona) conocí a Yulia, una profesora de francés nacida en Ekat’ (locales dixit) tan contenta de poder enseñarme la ciudad en francés como yo de no conversar via Google Translate. Dimos un paseo en la fresca noche de verano (Siberia se empieza a sentir) que acabamos viendo a rusos bailar salsa en las puertas del Centro Cultural Boris Yeltsin. La “loca noche” de Ekat no dio para una secuela de la resaca moscovita sino, mucho mejor, a la conversación más fluida desde que comenzó el viaje.

La discoteca CCCP (“URSS”) de Perm ponía música de los 80-90

A la mañana siguiente, rumbo a la estación con víveres como para alimentar a medio tren en mi viaje de 24 horas a Novosibirsk. À suivre

Working Class 2.0

Trans-Siberiano: Dias 2-5: De Suzdal a Perm…Y el Gulag Perm-36

– Yeltsin very bad

– And Gorbachov?

– Gorbachov very very bad

– And Putin?

(checks Google translate)

– Very very corruption

(Conversación con un camarero de Perm)

Suzdal y Vladimir fueron dos buenos entrantes para el viaje.

Desde Vladimir cogí el primer coche-cama del viaje, donde coincidí con Viktor (un simpático señor de Omsk con sonrisa dorada -por los implantes) y una camarera de Perm con sus dos niños. El viaje fue cómodo y dormí bien (esta vez iba en 2a clase) y pudimos tener cierta conversación entre Google translate y mi librito de conversación ruso. Tuve mi primer encuentro con el samovar (el permanente termo de agua caliente gratuito para hacer té) y, no menos importante, con la prodavnica (la camarera de piso del vagón) que hizo el viaje agradable y mantuvo el compartimento prístino en todo momento.

Aperitivos en el tren

Llegué a Perm el mediodía siguiente y, tras un paseo laaargo por la tarde y el merecido descanso el día siguiente visité el único gulag que queda en pie: Perm 36.

El himno soviético se cantaba cada mañana (Gulag Perm 36)

Gulag Perm 36

Gulag Perm 36

Gulag Perm 36

El viaje dio hambre así que acabé tomando pelmeny en la famosa Pelmenaya No.2 de Perm. Luego, paseo junto al rio.

Pelmenaya No2 (Perm)

Vistas desde el paseo del río Karma

Al día siguiente tren de 5 horas a Ekaterimburgo (ya en Asia) donde me esperan la tumba-iglesia de los zares (su lugar de ejecución convertido en templo), una panorámica desde una planta 52 y la fiebre del sábado noche rusa. Continuará…

Trans-Siberiano: Día 1. De Moscú a Suzdal.

Kremlin (Suzdal)

Tras un fin de semana en Moscú con mi amigo el periodista Antonio Navarro, el lunes cogí mi primer tren en la ruta del tran-siberiano.

Mi ruta es la línea roja de este mapa

En Moscú tuve tiempo de ver la momia de Lenin y repasar algunos sitios emblemáticos (Plaza Roja, Gorki Park) que ya visité en 2016. También hubo ocasión de vivir la noche moscovita (Soho rooms, Gipsy Bar, Pattiarchie) y algo de parque local cerca de Dinamo. El final del fin de semana fue, como no podía ser de otra forma, en un restaurante georgiano donde volvimos a comer más de la cuenta. Delicioso.

Como decía, el lunes cogí el primer tren (Moscú -> Vladimir, 90′) y desde Vladimir un bus a Suzdal, que es considerada una joya del Anillo Dorado de Moscú. El viaje fue muy bien, con un tren muy limpio y moderno (Wi-Fi, enchufes..). La llegada a Suzdal (45′ en bus local) fue sencilla, aunque al llegar a la estación hay que coger taxi ya que el centro queda a unos 20′. Una vez dejadas los bártulos en el hotel visité la ciudad.

Comí unos pelmeny regados con kvas en el Chasnaya, cerca del Kremlin. Luego visité éste y di un paseo a ver el resto de la ciudad.

Lenin, presente

Suzdal es un lugar muy turístico en Rusia, aunque no se nota al menos ahora en verano (grupos de turistas chinos aparte). Hoy martes he dado el último paseo y me he avituallado (chacina, tomates, pan, fruta, agua, sopas de sobre y, claro, vodka) para mi primer viaje en coche-cama: Vladimir->Perm: 16 horas. La distancia es tal (1227 kms) que la diferencia horaria es de 2 horas. Cuando llegue a Vladivostok en dos semanas la diferencia será de 10 horas.

Consejos breves para Atenas

Para comer a mí me gustó mucho un pequeño restaurante aque está junto al Mercado Central en un bajo (semi-sótano) aquí: http://goo.gl/maps/Z67uW La comida cambia cada día según lo que compre el dueño en el mercado y no hay menú, el hombre te pone lo que le da la gana y luego te dice un precio dependiendo de los platos que hayas comido y del vino.
 De paso pueden comprar yogur tradicional al peso muy rico en el mercado de enfrente.

Para visitar, aparte de lo típico, el barrio de Exarhia tiene su fama por ser el epicentro de los grupos de izquierdas. Tomarte un gyros en uno de los sitios de la plaza con una birra comprada en el kiosko era uno de mis pequeños placeres.

También por allí hay un restaurante muy barato. Está en  la calle Charilaou Trikoupi. No me acuerdo del nombre y no lo encuentro en el mapa pero si andan por allí lo verán. Es uno que hace esquina, tiene mesas fuera (verá muchos jóvenes) y es bastante estrecho. Comida excelente y muy buenos precios.

Una vez comidos recomiendo una visita al monte Likavitos, también en Exarhia (o quizá antes de comer, porque hay que andar bastante). Las visitas son increíbles!!!

El Gyros más grande (y quizá más rico y barato) está en el barrio de Gazi. Tampoco soy capaz de encontrarlo pero lo verá porque está siempre lleno de gente y creo recordar que tenía un letrero grande con un gyros.

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